Anticaria, Antaqira, Antequera

Antequera rezuma un pasado ancestral. Anticaria, «antigua», la llamaron los romanos, luego Antaqira en árabe, sabedores de las civilizaciones que les precedieron dejando un espectacular legado de dólmenes de la edad del Bronce que atestiguan que la zona estuvo habitada desde hace más de 6.000 años.

Grabado de Van der Wyngaerde, siglo XVI
La musulmana Antaqira resurge en el siglo XI en medio de las disputas entre los reyes sevillanos y los ziríes granadinos, que acabaron por ganarla. Bajo los almorávides y almohades, su personalidad se afirma, de modo que en el siglo XIII, al integrarse en los dominios del reino nazarí de Granada, aparece ya configurada su estructura urbana, con la Alcazaba y la medina amurallada. Ibn al-Jatib glosó en el siglo XIV su riqueza agrícola y ganadera, al tiempo que jugaba un destacado papel en la historia del último reino de Al-Andalus

A partir de la conquista de Granada en 1492 la ciudad comienza a transformarse y a extenderse fuera de las murallas, aumentando su población al calor de sus fértiles tierras y a la ausencia de enemigos. Antequera experimentó una etapa de esplendor, brillando como centro cultural y artístico a partir del siglo XVI, durante este siglo y el siguiente, es cuando la ciudad experimenta un mayor crecimiento demográfico, llegando a ser una de las ciudades comerciales más importantes de Andalucía, debido principalmente a su ubicación como encrucijada de algunas las principales rutas comerciales, esta prosperidad se acrecentó en el XVIII por el desarrollo de una potente manufactura textil. El tendido del ferrocarril en la segunda mitad del XIX vino a afianzar su carácter de capital agrícola y comarcal, extendida sobre un amplio radio a los pies de la villa medieval. 


Irving escribió allá por 1829: «Un poco más adelante apareció ante nuestra vista Antequera, la antigua plaza de reputación guerrera, asentada en el regazo de la gran sierra que recorre toda Andalucía. Una noble vega se extendía a sus pies, como un óleo de apacible fertilidad enmarcado por elevaciones rocosas. Tras cruzar un río de aguas tranquilas nos acercamos a la ciudad entre setos y vergeles... Todo en esta venerable ciudad tiene un sello decididamente español…».

Planeta Antequera

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